Thursday, September 23, 2010

Ereni tenía la garganta hecha nudo y los ojos ya inundados de lágrimas. No quería llorar, pero sus esfuerzos por mantener la compostura eran cada vez más infructuosos.
—Ya suéltalo... —le dijo el elfo al tiempo que la abrazaba y acariciaba su cabeza.
Eso era todo lo que necesitaba; ya no tenía más fuerzas para reprimir el llanto y, en todo caso, ya no importaba.
Él era Side.
Él sabía...
Ereni se aferró a él y escondió la cara en su pecho mientras los sollozos entrecortados se sucedían. Side la dejó estar, pues sabía que hasta ella, la más fuerte de todas las Guías, tenía su límite. Él conocía todas sus debilidades, sus miedos y la manera en que afrontaba los problemas que se le presentaban. Sabía que ella lo superaría, sólo necesitaba un poco de soporte, un momento para darse permiso de estar asustada y mostrarse débil; necesitaba un descanso para recuperar su confianza en sí misma y su fe en que las cosas, al final, saldrían bien.
—Respira —le dijo—. Estoy aquí para ti. Estoy contigo siempre y te sostendré tanto tiempo como necesites...
—Lo sé —respondió Ereni y se abandonó por completo al llanto.

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